martes, 26 de enero de 2016

lunes, 25 de enero de 2016

Derrumbadas blancas

Derrumbadas blancas
Llegando a nuestro destino al bajar de los vehículos nos sorprendió un aire frío, el cual nos hizo  buscar el abrigo dentro de nuestras mochilas, enseguida nos ajustamos las botas y bastones, colocamos la mochila sobre la espalda y antes de disponernos confiados a emprender nuestro camino intentamos contarnos sin éxito, ya que alguien afirmó en voz alta “somos quince” contando a un hermoso perro australiano por nacimiento que nos acompañaba.
Se percibía un olor fétido que disminuía al igual que el viento menguaba mientras nos adentrábamos al Cañón. Paso a paso las botas se hundían sobre la grava suelta, pronto el movimiento nos hizo entrar en calor y algunos nos desprendimos del abrigo.
En breve el grupo se dividió, el ascenso apenas se percibía, caminamos un par de horas entre dos paredes esculpidas por la erosión del viento y el agua, adornadas por su escaza vegetación de matorral desértico y pinos. De vez en vez uno de los integrantes del primer grupo, que no puede esconder su espíritu retaguardia, esperaba al par de rezagadas para indicar el camino y echar una mano para sortear el terreno accidentado.
Al cerrarse el cañón nos obligó a subir por la ladera, lo cual para el primer grupo no significó dificultad alguna, treparon cual cabras en el monte. Alcanzamos la altura suficiente para sentir nuevamente el fuerte viento y mientras recuperaba el aliento, una compañera me invitó a observar el paisaje  detrás de mí, el cielo azul enmarcaba la zona volcánica y un haz de luz como señal divina se posaba sobre el Pico de Orizaba, un verdadero homenaje a la belleza.
El frío viento nos obligo a refugiarnos entre los arbustos mientras observábamos la dificultad con que el primer grupo escalaba montaña arriba, ascendieron y descendieron con la misma pues no encontraron el camino a la cima. El guía bajo entusiasmado diciendo que visualizó el camino al remate por otra dirección, que si apresuraban el paso alcanzarían a encumbrar y nos señaló  a la retaguardia  y a mí el camino que debíamos seguir de regreso.
Descendimos en grupo hasta la bifurcación en donde cada grupo tomo su camino, desee de corazón alcanzaran la cima. Mientras tanto buscamos una vereda segura que nos permitiera bajar y entrar en el Cañón paralelo que nos llevaría hasta los carros.
El tufo nos indicó la dirección correcta, cuando reconocimos el camino, buscamos protegernos del viento, nos sentamos y acomodamos lo mejor que pudimos para beber agua y comer un poco de dátiles y nueces que llevaba mi compañera, después de recargar energía nos encaminarnos nuevamente y unos metros delante de nosotros se incorpora otra parte de la expedición al camino, quienes nos comentaron que aun quedaba un pequeño grupo buscando encumbrar.

Nos refugiamos entre dos de los vehículos y nos cubrimos el rostro para protegernos del viento cargado de arena en lo que esperamos al resto del grupo para emprender el regreso a casa. Desafortunadamente ninguno encontró el camino a la cima pero fue gratificante la experiencia y enorme la enseñanza. “La montaña se ataca con respeto, de lo contrario no te permite entrar o en el peor de los casos salir.”

martes, 22 de diciembre de 2015

Cerro de Pizarro. 2612 MSNM

Pertenece al ejido de San Nicolás Pizarro y el ejido de Juan Sarabia. Tepeyahualco de Hidalgo.

Con una altura de 2612 msnm, al sur se encuentra los llanos del Salado y la laguna de Alchichica y al norte a 8 km. la zona Arqueológica de Cantona.

El Cerro Pizarro tiene una marcada forma geométrica piramidal que se percibe al subir andando por los senderos. Las condiciones climatológicas que se vivieron ese día fueron óptimas para el ascenso, aún cuando lloviznaba a la par que descendía la niebla y la temperatura abruptamente. Considerando que el clima del lugar suele ser seco y caluroso con escasas lluvias favoreciendo una zona de matorral desértico con especies tales como el zoyate, táscate, sabinoizote y maguey. Es decir, todo tiene espinas y hay que poner mucha atención en cada paso para no tropesar y caer. 


El horario tardío en que comenzamos a ascender y la niebla que impedía la visibilidad, nos hizo desertar a unos cuantos quienes volvimos al autobús, el cuerpo quieto en la espera del regreso de los compañeros permitió que el frío calara hasta los huesos. 


Después de un tiempo y en escalas, uno a uno fueron entrando por la puerta, es la primera vez en lo que va del Reto Pico que detecto el dolor, la agonía y el cansancio de una montaña demandante en el rostro desencajado de mis compañeros, cambiaron sus ropas mojadas, comieron para recuperar el aliento, mas de uno pidió una pastilla para calmar el dolor de cabeza, nuestra voz apenas alcanzó a emitir el sonido del número en el conteo final de los participantes antes de emprender el regreso a casa.





Fotografía Juan José Mora Remes

Extraido el 22 de diciembre de 2015 desde: 
http://www.puebla.travel/es/ver-hacer/sitios-de-interes/espacios-naturales/item/cerro-del-volcan-pizarro

Extraido el 22 de diciembre de 2015 desde: 
http://www.inafed.gob.mx/work/enciclopedia/EMM21puebla/municipios/21170a.html

Todo sucede tan rápido

A esta fecha, desde que inicié esta aventura del Reto Pico, alcance cumbre el pasado 25 de octubre en las Lajas. Hice un intento fallido el pasado 8 y 22 de noviembre en Cerro el Pizarro y el Cofre de Perote respectivamente y otro también abortado en la Malinche los pasados días 5 y 6 de diciembre.

Sin embargo ha sido una grata experiencia, una lucha interna entre los antiguos y nuevos hábitos, emociones de todo tipo desde la frecuencia mas baja, hasta la más elevada, todo un descubrimiento.

La localidad de las Lajas esta situada en el Municipio de Yecuatla en el Estado de Veracruz de Ignacio de la Llave.

Las lajas, es un trayecto largo, con un paisaje maravilloso, encumbre, realmente lo hice, aunque no fue del todo mi mérito, el ascenso me costo esfuerzo físico, recuerdo sentir bombear mi corazón a su máximo impulso y parar constantemente para recuperar el aliento, estaba exhausta, sin embargo mis compañeros me apoyaban y de alguna forma correspondí con mi ánimo.

El regreso no fue más fácil, recuerdo haberme quejado mucho de dolor de rodillas, en este momento agradezco enormemente la dedicación y paciencia del retaguardia, no es fácil bajar tu ritmo de desempeño y menos caminar al lado de un quejoso.





Fotografías Juan José Mora Remes

domingo, 4 de octubre de 2015

Entretanto...

Volcancillo es una ruta ya conocida por mi, así que dejé los nervios guardados en un cajón e invité a mi hija quien accedió feliz de acompañarme en esta loca aventura.

Una amiga, compañera de este Reto Pico, suele decir cada vez que se hace mención de Volcancillo, "Volcancillo es un panquesito" refiriéndose a lo fácil del ascenso. Ya encumbré en una ocasión y no me pareció nada fácil, pero después del cerro de los Metates, y de haber encumbrado esta segunda vez comencé a dudar de mi percepción.

Sin embargo con todo y todo me demandó mucha energía, terminé agotada y con las piernas doloridas. Entretanto, hay que seguir entrenando, se avecinan trayectos más largos y más complicados.


Fotografía Juan José Mora Remes

Volcancillo



Volcancillo es la próxima salida programada para el 11 de octubre.

Es un volcán monogenético, significa que se generó en un solo proceso eruptivo se localiza al NE del Cofre de Perote. Saliendo del Puerto de Veracruz se encuentra unos cuantos metros después de Toxtlacuoaya, Las Vigas, Veracruz.
Con una altura aproximada de 2780 MSNM.






Extraido el 4 de octubre de 2015 desde: http://cdigital.uv.mx/bitstream/123456789/9648/1/02GEOLOGIA.pdf

Extraido el 4 de octubre de 2015 desde: http://www.volcanesdecanarias.com/index.php?option=com_content&view=article&id=54&Itemid=118&lang=es

viernes, 2 de octubre de 2015

Primera cumbre Cerro de los Metates. 365 MSNM

La cita fue el pasado domingo veintisiete de septiembre a las siete de la mañana en el parque Zaragoza. Llegamos: Andrés, Juan, Ana, Yair, Roxy, Mónica , su primo y yo, salimos en 3 vehículos rumbo a Cardel, en un punto del camino paramos brevemente, recogimos a Gaby y continuamos el camino. Pasando la caseta de Cardel en la primer gasolinera también nos detuvimos rápidamente en donde Fernando nos esperaba para continuar el viaje, en ese momemento eran ya cuatro los vehículos.

Viajamos por espacio de treinta y cinco minutos y llegamos a nuestro destino el  Cerro de los Metates, bajamos de los automóviles en donde nos recibió una señora quien nos cobró a cada uno $10 pesos por usar el baño y el estacionamiento. Ahí nos aplicamos repelente, estiramos y calentamos un poco el cuerpo para emprender el camino.

En un par de ocasiones había visitado la zona arqueológica en carro, conocía lo accidentado del terreno, así que debo confesar que iba aterrada, soy poco deportista y además traía una lesión en el talón izquierdo del pié.

Caminamos unos metros al lado de la carretera antes de introducirnos en la selva, en seguida atravesamos un potrero y comenzamos el ascenso. Inmediatamente la montaña me desconoce y me empieza a faltar el aire, comienzo a respirar con la boca cerrada  y poco a poco el cuerpo comienza a calentarse y a adecuarse al terreno, en breve me quedé atrás del grupo.  Me preocupaba atrasarlos, la media de edad del grupo es de 28 años aproximadamente, El guía regresa por mi y toma la decisión de que debo ir adelante con él y así fue. Un paso a la vez, me indicaba en donde apoyar pies y manos, y arriba y adelante. De repente el camino se hizo de  rocas que escalar junto con telarañas y arañas que esquivar. Mientras andábamos bebíamos agua, solía detenerme a respirar o pensar como subir el siguiente obstáculo. En una ocasión apoyé el pie derecho y literal sentí como se lo tragó la tierra, para sostener el peso, tense la pierna izquierda y alguien tomó mi mano para mantenerme, cuando encontré el punto de equilibrio  me impulsé y salí del hueco. Siempre hubo un brazo a quien sujetar, una mano que asir, un hombro para apoyar, una pierna para impulsar y una voz de aliento que escuchar. Esta vez mi agotado cuerpo no alcanzó la cumbre pero llegué más alto de lo que pensé. Mientras los jóvenes encumbraban, los esperé observando el paisaje de la Villa Rica y las aves rapaces al tiempo que el cuerpo se enfriaba y empezaba a percibir el dolor.

El des-escalar también tuvo cierta agudeza sobre todo en esa piedra horizontal la cual casi logra hacerme llorar y esa planta que accidentalmente toqué con la mano derecha y sentí al instante un choque eléctrico, el cual hizo reír a los jóvenes quienes entre broma decían había sido un choque de energía pues me notaron mas activa después de él. No cabe duda que la montaña mueve dentro de cada quien un sin fin de emociones las cuales al reconocerlas nos liberan y nos alimentan el alma.

Una caminata de hora y media, terminó siendo de tres horas. Regresé mas que raspada, adolorida, con el pantalón roto y  una garrapata prendida a la piel; con el espíritu renovado, con nuevos amigos en el corazón, con alegría en las venas y sueños que alcanzar.










Fotografías Juan José Mora Remes