El resto de la semana fue intenso, en lo que decidía si me apuntaba al Reto Pico o no ya estaba programada la primer salida de entrenamiento al cerro de los Metates así que si o sí tenia que ir pues era la oportunidad de vivirlo y tomar la decisión.
Al no recibir la información de la salida en mi correo, le pregunté al coordinador de montaña mediante mensaje privado de una red social:
-Buenos días Juan, varias preguntas: ¿a la salida de mañana podré asistir? es decir, ¿está como para mi? estoy pensando seriamente el Reto Pico.
-Dessy buenos días, claro que puedes ir.
-Que tal que no pueda con la pared, no me gustaría retrasarlos.
-Dessy te voy a decir algo para mi cualquier persona puede lograr subir a donde quiera, solo es cuestión de querer hacerlo y lo demás llega solo, lo mas bonito de la montaña no es solo llegar a la cima sino disfrutar el trayecto. Así que tu no te presiones , ni te preocupes.
La conversación continuó, pero no era necesario decir más. Rápidamente busqué el correo en la bandeja de correo no deseado, leí los detalles de la cita y lo que había que llevar. Aún no cuento con el equipo y sobra decir que tampoco con la liquidez como para salir corriendo a comprarlo, así que le hablé a Edna mi amiga le pedí prestados un par de zapatos tenis de correr y una gorra, remendé el pantalón dry-fit que tenía un agujero hecho en una ocasión que una ola de un mar embravecido por el viento del norte revolcó mi kayak, tomé del cajón dos blusas deportivas una de algodón sin manga y la otra de fibra sintética y manga larga. En la cangurera eche un par de guantes de agarre con los dedos descubiertos, un poncho de urgencia, la licencia de conducir y el efectivo justo para la cooperación de la gasolina, casetas, baño y comida. En una sencilla bolsa de espalda guardé la cámara fotográfica, un par de botellas de agua y un par de barras energéticas. Esa noche fui a la cama temprano. La salida estaba programada a las siete de la mañana del día siguiente.
