miércoles, 30 de septiembre de 2015

Día previo a la primer salida de entrenamiento


El resto de la semana fue intenso, en lo que decidía si me apuntaba al Reto Pico o no ya estaba programada la primer salida de entrenamiento al cerro de los Metates así que si o sí tenia que ir pues era la oportunidad de vivirlo y tomar la decisión.

Al no recibir la información de la salida en mi correo, le pregunté al coordinador de montaña mediante mensaje privado de una red social:

-Buenos días Juan, varias preguntas: ¿a la salida de mañana podré asistir? es decir, ¿está como para mi? estoy pensando seriamente el Reto Pico.

-Dessy buenos días, claro que puedes ir.

-Que tal que no pueda con la pared, no me gustaría retrasarlos.

-Dessy te voy a decir algo para mi cualquier persona puede lograr subir a donde quiera, solo es cuestión de querer hacerlo y lo demás llega solo, lo mas bonito de la montaña no es solo llegar a la cima sino disfrutar el trayecto. Así que tu no te presiones , ni te preocupes.

La conversación continuó, pero no era necesario decir más. Rápidamente busqué el correo en la bandeja de correo no deseado, leí los detalles de la cita y lo que había que llevar. Aún no cuento con el equipo y sobra decir que tampoco con la liquidez como para salir corriendo a comprarlo, así que le hablé a Edna mi amiga le pedí prestados un par de zapatos tenis de correr y una gorra, remendé el pantalón dry-fit que tenía un agujero hecho en una ocasión que una ola de un mar embravecido por el viento del norte revolcó mi kayak, tomé del cajón dos blusas deportivas una de algodón sin manga y la otra de fibra sintética y manga larga.  En la cangurera eche un par de guantes de agarre con los dedos descubiertos, un poncho de urgencia, la licencia de conducir y el efectivo justo para la cooperación de la gasolina, casetas, baño y comida. En una sencilla bolsa de espalda guardé la cámara fotográfica, un par de botellas de agua y un par de barras energéticas. Esa noche fui a la cama temprano. La salida estaba programada a las siete de la mañana del día siguiente.

viernes, 25 de septiembre de 2015

¿Me apunto al "Reto Pico"?




Salí de la universidad al rededor de las siete y media de la noche porque la profesora de Mercadotecnia no se presentó a clase y la profesora de Pensamiento Administrativo había cancelado su clase con anticipación.

Al salir por la puerta de la facultad percibí el olor a lluvia, subí al carro y guié hasta la casa. Al llegar salió a mi encuentro emocionada Canela una vieja perrita Chihuahua, mientras la alzaba y abrazaba, al fondo tras la puerta del patio ladraba desesperada Luna una hermosa labrador negro con ojos desorbitados color café.

Inmediatamente le serví una ración de croquetas para que su emoción disminuyera; mientras ella comía, preparé la cena. Al tiempo que cenaba, atendí los mensajes del teléfono, apurada recogí y limpié los pocos trastes que ensucié, entré a Luna pues quizás llovería, les dí un par de cariñosas palmadas a cada una y conduje  hacía el antiguo restaurante en donde cada miércoles nos reunimos un grupo sui géneris de personas con gusto por las expediciones.

Fue ahí donde Juan lanza la convocatoria al "Reto Pico", al instante mi espíritu brincó y mis dos fuerzas internas comenzaron a jalar en sentidos opuestos.

Este gusto por las expediciones no se si nace, se desarrolla o está en mis genes. Mi padre tuvo mucho que ver con eso de vivir al límite pero mi madre al contrario era aprensiva y me lleno de miedos, los cuales se alojan cómodamente en todo mi ser.
Tengo  recuerdos de varios campamentos en la infancia sin embargo nunca cumplieron en su totalidad la experiencia, los chicos se quedaban con mi padre en el campamento y mi madre y yo volvíamos a casa durante la noche y en ocasiones los alcanzábamos al siguiente día.

En mi juventud fui mas aventada o mejor dicho inconsciente me aventuré a subir al Popocatépetl, al Iztaccihuatl, me introduje en la selva de Cuetzalan y nadé en una  poza helada alimentada por una cascada, viaje de aventón en un camión de redilas con todo tipo de animales y personas y recorrí un sin número de lugares, siempre con el dinero justo o escaso, sin equipo ni preparación y con una botella de vino en la mochila, para amortiguar el frío.

Después llegaron los hijos y junto con ellos la responsabilidad, también hubo nuevas aventuras y campamentos, adecuados a su edad y con todas las medidas de seguridad habidas y por haber, con el paso de los años los chicos crecen y van por sus propios caminos y de repente me encuentro nuevamente en la búsqueda. Me acerque a un grupo de ciclistas, los cuales me vendieron el equipo y me dieron las gracias, quizás no fui clara en mis deseos. Sin embargo en esos días me encontré fascinada escuchando las experiencias en kayak que contaban unas amigas, fue así como llegue hace tres años a la escuela de kayak en donde conocí a mi maestro y ahora gran amigo Andrés. En el agua me he relacionado con mucha gente y he hecho buenos amigos, entre ellos los Cemaquiños.

Me inscribí al CEMAC en febrero de este año así que puede decirse que soy novata. Tenían tiempo invitándome a pertenecer al club pero pensaba que eso no era para mi. Sin embargo mi historia narra lo contrario extensas caminatas en el campo, tardes de pic-nic en el bosque, largos paseos en bicicleta, inolvidables campamentos en la playa, snorkel en las islas, descenso de ríos, travesías en kayak, montañas encumbradas y aún más por alcanzar...¿Me apunto al "Reto Pico"?



 mujer -mexicana - profesionista - 50