Salí de la universidad al rededor de las siete y media de la noche porque la profesora de Mercadotecnia no se presentó a clase y la profesora de Pensamiento Administrativo había cancelado su clase con anticipación.
Al salir por la puerta de la facultad percibí el olor a lluvia, subí al carro y guié hasta la casa. Al llegar salió a mi encuentro emocionada Canela una vieja perrita Chihuahua, mientras la alzaba y abrazaba, al fondo tras la puerta del patio ladraba desesperada Luna una hermosa labrador negro con ojos desorbitados color café.
Inmediatamente le serví una ración de croquetas para que su emoción disminuyera; mientras ella comía, preparé la cena. Al tiempo que cenaba, atendí los mensajes del teléfono, apurada recogí y limpié los pocos trastes que ensucié, entré a Luna pues quizás llovería, les dí un par de cariñosas palmadas a cada una y conduje hacía el antiguo restaurante en donde cada miércoles nos reunimos un grupo sui géneris de personas con gusto por las expediciones.
Fue ahí donde Juan lanza la convocatoria al "Reto Pico", al instante mi espíritu brincó y mis dos fuerzas internas comenzaron a jalar en sentidos opuestos.
Este gusto por las expediciones no se si nace, se desarrolla o está en mis genes. Mi padre tuvo mucho que ver con eso de vivir al límite pero mi madre al contrario era aprensiva y me lleno de miedos, los cuales se alojan cómodamente en todo mi ser.
Tengo recuerdos de varios campamentos en la infancia sin embargo nunca cumplieron en su totalidad la experiencia, los chicos se quedaban con mi padre en el campamento y mi madre y yo volvíamos a casa durante la noche y en ocasiones los alcanzábamos al siguiente día.
En mi juventud fui mas aventada o mejor dicho inconsciente me aventuré a subir al Popocatépetl, al Iztaccihuatl, me introduje en la selva de Cuetzalan y nadé en una poza helada alimentada por una cascada, viaje de aventón en un camión de redilas con todo tipo de animales y personas y recorrí un sin número de lugares, siempre con el dinero justo o escaso, sin equipo ni preparación y con una botella de vino en la mochila, para amortiguar el frío.
Después llegaron los hijos y junto con ellos la responsabilidad, también hubo nuevas aventuras y campamentos, adecuados a su edad y con todas las medidas de seguridad habidas y por haber, con el paso de los años los chicos crecen y van por sus propios caminos y de repente me encuentro nuevamente en la búsqueda. Me acerque a un grupo de ciclistas, los cuales me vendieron el equipo y me dieron las gracias, quizás no fui clara en mis deseos. Sin embargo en esos días me encontré fascinada escuchando las experiencias en kayak que contaban unas amigas, fue así como llegue hace tres años a la escuela de kayak en donde conocí a mi maestro y ahora gran amigo Andrés. En el agua me he relacionado con mucha gente y he hecho buenos amigos, entre ellos los Cemaquiños.
Me inscribí al CEMAC en febrero de este año así que puede decirse que soy novata. Tenían tiempo invitándome a pertenecer al club pero pensaba que eso no era para mi. Sin embargo mi historia narra lo contrario extensas caminatas en el campo, tardes de pic-nic en el bosque, largos paseos en bicicleta, inolvidables campamentos en la playa, snorkel en las islas, descenso de ríos, travesías en kayak, montañas encumbradas y aún más por alcanzar...¿Me apunto al "Reto Pico"?
mujer -mexicana - profesionista - 50

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